Para deleitarte con las letras que esconde un café...

lunes, 23 de mayo de 2011

«Dos cafés, amargos»


 Entré en el café. Allí estaba ella, sentada y con su fino vestido de margaritas, recordándome esas tardes en la playa, solos, juntos. Me acerqué y sonreí, ella también sonrió, tal vez por cortesía, tal vez porque me echaba de menos... Eso quería pensar yo, que me echaba de menos. Me señaló la silla que tenía enfrente, y me senté.

- ¿Qué tal estás? ¿Cuánto tiempo hace que no quedábamos?
- Pues un año, si no me equivoco - Un año y diez meses. Conté cada día que pasé sin ella, hasta que me cansé.
- ¿Que les sirvo?
- A mi un café...
- Que sean dos.
- Bueno, ¿Y que es de tu vida?
- Pues me casé, - Se casó. Se casó con él, no conmigo. - Y espero un niño...
- ¿Estás...embarazada?
- De tres meses...
 Ya no habían esperanzas, ni por su parte ni por la mía.
- Vaya... Aprovechaste el tiempo...
- Si, es que es encantador, y... No se, háblame de ti. ¿Qué haces ahora?
- Lo de siempre, escribo, vivo en alquiler, sin ti ni nadie, y todavía fumo... Pero por lo demás todo bien.
- ¿Si? Me alegro, chico. - Tan ingenua como recordaba, nunca captó la ironía en mis palabras - Me acuerdo cuando fumabas a escondidas en el balcón.
- Si, y tu, que no te enteraste hasta que se prendieron las cortinas con una colilla...
- ¿Cómo? ¿Pasó eso?
- ¡No! Era broma. - Tal y como recordaba. Pobre de él, que la aguanta.
- Que tonto, me has asustado.
 Nos sirvieron el café; tan amargo como esa cita, tan profundo como el amor que sentí por ella, tan caliente como yo al recordar nuestros secretos. Eran muchas cosas juntos. Fui un iluso al quedar con ella y pensar que, quizás, tal vez, hubiera habido una pequeña oportunidad.
- No me parece bien que sigas fumando - ¿Controlándome a estas alturas? Por favor...
- Ni a mi, pero es lo que tiene estar solo.
- ¿Tienes que echármelo en cara incluso ahora, después de un año?
- ¡Y diez meses!
- ¿Qué?
- Un año y diez meses esperando, pensando que volverías, que no lo decías en serio, que me querías, que había algo especial...
- Y lo hubo. ¿No puedes entender que me cansara?
- Sí, ¿pero que me dejaras, sin explicación alguna?
- Mira, no puedo. Me voy. Pensé que podíamos llevarnos bien otra vez...
- Pues pensaste mal. ¡Joder!
- Adiós.
 Sacó un billete de cinco euros y lo dejó encima de la mesa. Cuando quise decirle que podía pagar perfectamente dos cafés sin su dinero, ya se había ido... A través del ventanal la vi alejarse, con su vestido de margaritas al vuelo, dejando ver esas piernas que paraban el tráfico y a mi la respiración.
 Pagué los dos cafés, pero el cambio me quemaba en el bolsillo, así que cogí las monedas y se las eché al indigente de la puerta del supermercado junto a los trocitos que habían quedado de mi amor por ella...y me guarde ese último recuerdo, tan amargo como aquella cita, como aquellos dos cafés.

¿Otro café...?

2 comentarios:

  1. Wow esta muy currado bro, enserio esta genial, pero haber cuando te animas y haces algo mas alegre jaja

    ResponderEliminar
  2. Está en proceso, no te preocupes. La verdad es que este proyecto me entusiasma. Gracias Sergio.

    ResponderEliminar